Querido Nani:
En efecto, llegó lo que tenía que llegar. Llegó la fiesta media muy intensa. Aunque pensándolo bien no fue fiesta media, fue más bien larga. Acostumbrados a las fiestas de una noche (o una tarde en su defecto) ésta, a lo tonto, duró 24 horas. ¡Qué fiesta! Es cierto que al final, las últimas horas de ese día fueron agotadoras, incluso alguien llegó a dormirse… pero es comprensible, no todo el mundo aguanta tanto… después de todo no estamos acostumbrados. Pero no me quiero liar con los térmicos técnicos de la fiesta (la duración o la intensidad) solo quería agradecer a esos pequeños locos que rondan por mi vida y hacen que las fiestas, largas, medias o cortas, sean increíbles.
Hace unos meses unos amigos me retaron a hacer una sextina (para los que no tengan ni repajolera idea de lo que es, aquí os dejo un enlace de Wikipedia en el que se explica bastante bien( http://es.wikipedia.org/wiki/Sextina ) Las palabras elegidas tenían mucho que ver con la responsabilidad y la rutina y empecé a darle al coco. Entonces me di cuenta de que, aunque resulte extraño, adoro la rutina, tener que levantarme a una hora determinada, tener algo que hacer por responsabilidad, estar obligado a algo… pero a su vez llega un momento en el que la odio. Es un amor del tipo: “ni contigo, ni sin ti”. Os dejo la sextina para que me comentéis si alguno os pasa esto.
Horrible encanto de la responsabilidad
el agua azul que sale de la fuente
o el cristal oscuro de la botella
que se lleva el mar con su ventolera
pues tienes la responsabilidad
que atribuye la cotidianeidad
Y estoy dentro de la cotidianeidad
que ahoga la expresión de mi ser
enganchada a la responsabilidad
como el cántaro se engancha a la fuente
pero en cuanto llega la ventolera
cae rodando como una botella
Y es que, ¡bendita es esa botella!
que modifica mi cotidianeidad
en cuanto me viene la ventolera
para permitirme llegar a ser
el agua clara que baja de la fuente
y quita mi responsabilidad.
¡Estúpida responsabilidad!
Que permanece oculta en la botella,
que, ¡ya ves!, aunque elijas otra fuente
escapando a la cotidianeidad
será esta misma la que te haga ser
aquello que arrancó la ventolera.
Y en mitad de la fuerte ventolera
veo su propia responsabilidad.
Pues no es fácil llevarse todo ser,
cuando el viento en su cotidianeidad
arranca los escombros de la fuente.
Pero es que soy mi única fuente.
Y aunque me derrumbe la ventolera,
adoro la cotidianeidad
que oculta la responsabilidad
¡No quiero ser una simple botella!
Porque solo soy lo que quiero ser
Y al final, el ser se mece en la fuente.
Ventolera, responsabilidad,
gran botella de cotidianeidad.
En realidad, todos nuestros actos conllevan una pequeña responsabilidad. Por ejemplo, con nuestros amigos y ya no solo por comportarnos bien con ellos, sino el estar conectados, en contacto la práctica totalidad del día. Con las nuevas tecnologías el que no sabe del resto es porque no quiere. De hecho, sin ir más lejos, en nuestro propio grupo, si ya estábamos enganchados a Tuenti o Facebook, ahora ha llegado a nuestras manos Twitter… ¡Oh gran Twitter, en ti creemos! Y pasamos un día de no saber de qué narices va eso, a engancharnos como perros a un hueso (¡ojo! que no nos estoy comparando con perros) y manejarlo como verdaderos expertos. Y damos lecciones a nuestros padres sobre las tecnologías, aunque llevemos 3 días usándolas (y no es una metáfora, llevo 3 días en Twitter y ayer me sorprendí a mi misma explicando a mis padres las ventajas y desventajas de esta “herramienta” como una verdadera entendida en el campo) Ahora ya forma parte de nuestras vidas, de la responsabilidad de conectarnos cada día, de la cotidianeidad que implica conectarnos todos los días… Actualizamos, respondemos, escribimos… hay quienes lo hacen desde un ordenador, en la biblioteca, sentados en el parque desde el móvil o bien trabajando. Da igual, la cuestión es mirar que han escrito tus contactos y eso que todavía no te llegan los Tweets al móvil… y todo esto gracias a ti Nani. Bienvenidos a la era Twitter
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