miércoles, 18 de agosto de 2010

But now...

Querido Nani:

También vi la película de Toy Story 3, ya la había visto en Argentina y el lunes la volví a ver. Llegué a la misma conclusión que tú. De repente salí del cine con la intensa sensación de haber terminado una etapa de mi vida. Lloré mares cuando vi el final de la película (que no voy a desvelar por si alguno de nuestros lectores no lo ha visto todavía) pero luego pensé: “¡qué narices!” y saqué del bolso de una amiga un muñeco que conoces, Nani, porque lo compré contigo. Es “un libélulo” que le bautizamos con el nombre de Lolo, creo que sabes de quién te hablo. La cuestión es que saqué a Lolo del bolso y me lo planté en la cabeza. Sabes que hay veces que mi cabeza no funciona del todo bien y necesita una pequeña escapatoria de la rutina, así que me puse a “volar” con Lolo en la cabeza por el centro comercial de Príncipe Pio. Para los que no sepáis quién es Lolo, os lo explico: es una libélula de plástico duro de más o menos 30 cm que compré en un chino. ¡Tiene una cara muy graciosa! Con unos ojos enormes y la lengua sacada. Bien, ahora imaginaros a Lolo en mi cabeza y yo corriendo por el centro comercial...Es un juguete, como lo es Woody, o Buzz Light Year y quise jugar con él. Yo tengo esa extraña manía de hablar con objetos inanimados, pero realmente lo hago porque siento que, en caso contrario, les pasará como a los juguetes de Toy Story, nadie querrá jugar con ellos…

De todas maneras, la película me ha hecho recordar las tardes que pasé jugando con cualquier objeto que se presentara delante de mi cara. Los bancos del soportal eran naves espaciales, camiones, gasolineras, casas, tiendas… tenían la facilidad de pasar de nave espacial a casa en unos segundos. ¡Esos si eran tiempos bueno! Hoy todavía quedan algunos de los amigos con los que compartía esas imágenes, ¿os acordáis?

Ahora hemos crecido y pasamos el tiempo haciendo otras cosas, quizás más aburridas, o quizás más divertidas, pero otras cosas. El fin de semana, por ejemplo, me fui al pueblo y vi a las hijas de mis primas jugando con mis juguetes de cuando era pequeña, ¡qué alegría volver a verlos! Y ¡qué aburrimiento jugar con ellos! Así que decidí que iba a pasar el “finde” de otra manera: bebiendo y disfrutando de la fiesta del pueblo.

Esa resultó ser una manera muy entretenida de sobrevolar el fin de semana. Y digo sobrevolar porque realmente son pocos los recuerdos claros que me quedan. La mayoría lo he ido ligando con anécdotas que me han contado, con imágenes fugaces que recuerdo… y ahora no sé si arrepentirme de haber llegado a ese estado en el que no te acuerdas bien de todo, o alegrarme porque estaba en el punto exacto en el que te lo pasas espectacularmente bien.

¡Y sabéis de qué hablo! Todos nos hemos agarrado alguna de esas que son memorables (eh ¿C, M, P?) (paréntesis del paréntesis: no pongo nombres, pero ¡sabéis quien sois!) Yo recuerdo frases como: “¿Midas? ¿Quién coño es ese?” o “¡¡¡Un coche azul!!!” o también: “Te conozco desde junio, pero ¡me caes de p… madre!”…

Esta es otra etapa, en efecto Nani, otra etapa que quizás disfrutemos más porque ahora somos conscientes de que la estamos disfrutando y viviendo…

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